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martes, 9 de octubre de 2012

Cuando las mujeres cogen el toro por los cuernos.


Conocimos la bodega de Elías Mora por una publicación de Mujer Hoy: “Cuando el vino es cosa de chicas”, una bodega integrada al completo por mujeres, que elaboran vino de D.O. Toro, y que llamó nuestra atención por ser una bodega 100% femenina, y porque las dos mujeres que llevamos este blog y la tienda de Vinuranto somos grandes aficionadas al vino de Toro.

No dudamos un segundo en contactar a estas Chicas de Toro, como nosotras las llamamos, y catamos un par de sus vinos. Aquí os dejamos la primera parte: Viñas Elías Mora 2010, su vino más joven.

Al catar este primer vino, nos quedamos sorprendidas. No esperábamos un vino tan bien hecho. No es porque sean mujeres, no es porque sea Toro, pero la palabra equilibrio cobra un nuevo sentido cuando pruebas un vino  de Elías Mora.



Lo catamos con maridaje ideal como puede ser unas albóndigas de cerdo, con una ensaladilla rusa... y Ginny que es así de chula, se le ocurrió catarlo con unos calamares en salsa viera. En contra de lo que se pueda pensar, no quedaba del todo mal. Depende de los gustos, lo vuelve más picante, el vino se vuelve aún más potente, y marca el sabor a mar de los calamares. A ella, por lo menos el reto le gustó.

Tambien lo catamos con una galleta de chocolate. Delicioso.









Ficha de cata


Viña Elías Mora 2010

D.O. Toro
Variedad: Tinta de Toro
Precio: 8,34 € (en Vinuranto)
Color: rojo cereza fuerte con ribetes rubí, limpio y transparente. Una lágrima muy fina y de caida lenta.
El aroma es impresionante incluso sin acercar la copa. Aromas a pastelería, frutos rojos y tostados, con un toque a vainilla. Bastante complejo. Mejora con la oxigenación, se abre aún más.
En boca aparecen todo lo que detectamos en nariz. Fresco, equilibrado, frutal. bien ensamblado entre acidez, dulzcura y tanino.
Nuestro maridaje: albóndigas de cerdo, ensaladilla rusa, calamares en salsa viera y galleta de chocolate.

Un vino del que disfrutarás y repetirás.



Nuria.

martes, 19 de junio de 2012

Alquez. Garnacha de viñas viejas 2009

Hoy hemos tomado un buen vino, un vino español, un vino como dios manda, si señor. Un vino de Calatayud. La elección, por supuesto, fue mía, ya sabía yo que este vino iba a ser bueno porque, aunque no os lo creáis en Aragón se hacen vinos con cuerpo y sabor únicos.


Os voy a contar una pequeña historia. Mi abuela tenía un piso en Benidorm, era una abuela de las de antes, de las que iban al bar Nuria a bailar y a ligar. Sus hijos, los jubilados de hoy, están hechos de otra pasta, menos predispuestos a divertirse, más atentos a "sus responsabilidades". Pero la generación de mi abuela era mucho más liberal que la de sus hijos.

Bueno, que me enrollo. El caso es que mi abuela tenía un piso en Benidorm. En el bloque de enfrente había un bar que ofrecía menús de mediodía. Entendido que si vas dos o tres días no te merece la pena hacer la compra entenderéis que comiéramos allí por un precio modesto. Y allí, en ese bar tenían un gran vino de pueblo, un vino de Zaragoza, un vino de intenso color ciruela, que, para beberlo había que cortarlo con cuchillo (lamento no poder decir nada del aroma, yo entonces no me fijaba en esas cosas) y disfrutar de su intenso y dulce sabor a uva.

Es fácil darse cuenta de que este vino me impresionó. Lo hizo, los buenos vinos no son solo aquellos que están reconocidos con muchos premios y valen un potosí. Claro, esto lo digo yo porque soy quién soy y cómo soy. Pero era un gran vino.
El caso es que el recuerdo me acompañó durante mucho años convirtiéndose en anécdota instructiva de cómo debe ser un buen vino.

Haciendo las pruebas para Vinuranto cayó en mis manos la posibilidad de catar el vino del título. 

Alquez. Garnacha de viñas viejas. (PVP: 9,00 € en Vinuranto) 14 meses de crianza en roble francés sobre sus lías. Denominación de Origen, Calatayud.

Glorioso. Si señor. Un gran vino. De color rojo cereza muy oscuro y aún así en plena juventud, su ribete es de tonos ligeramente violáceos  La lagrima es ¿potente? Si, la podríamos definir así.

El aroma a vainilla y de la barrica se hace notar con un toque herbal y un poderoso deje a uva muy madura o mineral.
En la boca no defrauda, sabe a campo, a mineral y tiene un toque dulce de pastelería.




El maridaje debía hacerse con un plato potente, unos callos en mi caso, aunque con estofado también hace un gran papel. El vino pasa con dulzura, como si hubieras sacado un bollo del horno, limpia bien la boca y el tanino está muy bien integrado.

En definitiva un vino grande, muy propio y bebible. Equilibrado y gustoso, no hay que dejar pasar la oportunidad de tomarlo cuando se pueda.

Nuria.