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lunes, 27 de agosto de 2012

Armonioso rosado y la falta de armonía.




Con un poco de retraso voy a hablar de este vino. Y me voy a quejar porque me siento estafada. ¿De verdad que en España se puede producir un vino así? Yo creía que la calidad de nuestras uvas imposibilitaba la existencia de este tipo de productos. 
Para el hecho del mal sabor de este vino solo hay dos explicaciones. Es así o estaba en mal estado. Si no no me explico que de apariencia tuviera un extraño color salmón. Vale, eso podría haber sido por decisión del bodeguero. El aroma no era espantoso, fresa mezclada con hoja, un fondo de plátano, que me llamó mucho la atención, algo de lluvia y un poco como a chocolate. Lo que era espantoso era su sabor, untuoso, como de plátano (otra vez), cítrico, entrada corta y postgusto muy corto. Unas características que no se esperan, ni deben estar, en un rosado. A no ser que alguien me diga lo contrario y me lo demuestre, claro.

A mi me extraña que la bodega de García Carrión haya apostado por este vino, justo cuando los grandes bodegueros de la Mancha y de Valdepeñas, como es esta bodega, están empezando a apostar por contar entre sus existencias con vinos cuidados y de calidad. Ya digo que puede ser que estuviera en mal estado, pero pagar casi 3 euros por este vino no me ha sentado nada bien. No están las cosas para desperdiciar ni para tirar comida o bebida, como tuvo que ser en este caso. 


Nuria. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Una comida de verano refrescada con vino rosado

Está haciendo tanto calor que ya apetecen los típicos platos de verano. Esas ensaladas llenas de color y sabor que hacen las tardes más llevaderas. 
Una rica y fresquita ensalada.
En eso estábamos pensando cuando templamos esta crema de verduras y la acompañamos de una exuberante ensalada (lechuga, tomate Kumato, taquitos de atun y media lata de ensalada de pimientos rojos con cebolla, todo en Mercadona), aliñada con aceite de la Sierra de Cazorla y vinagre balsámico de Módena. Para esto hay un complemento perfecto. O dos. Pero me voy a centrar en el Rosado de Jesús Díaz. 


 Este vino sorprende por fresco y dulce, ideal para estos platos, pero combina a la perfección con arroces de todo tipo, pasta e incluso carne de ave, pollo o pavo. 
Tiene, de entrada un bonito color piruleta y un intenso olor  a fresa y a rosa. Cuando lo pruebas sabe a caramelo, a cereza y un poquito a melocotón sin olvidar un gusto a hierbas de la meseta, nada extraño si tenemos en cuenta que es un vino de Madrid

Crema de verduras aderezada con queso en polvo.

Ensalada.

































En verano, cuando el calor se hace notar este vino, tomado muy frío, puede ayudar a paliar la sensación de pesadez que supone comer. 


Espero que os guste cuando probéis.


Nuria

lunes, 23 de abril de 2012

Un día de visita en los pueblos de Madrid



Bodegas Jesus Díaz.



A la entrada de la bodega
Finalmente se hizo realidad. Hemos visitado nuestra primera bodega. Bodegas Jesús Díaz  Espero que a lo largo de los años sigan otras muchas visitas, pero siempre recordaremos ésta de una manera especial.
Decidimos visitar una bodega madrileña para comenzar nuestro periplo ¿Por qué? Recuerdos de la infancia. Recuerdos de las antiguas cuevas donde se guardaban los vinos, de leyendas sobre túneles para esconderse y atacar en la Guerra Civil, todo muy emocionante y misterioso para la imaginación infantil.
Mereció la pena, vaya que sí. Colmenar de Oreja  es un típico pueblo madrileño de casas castellanas y plaza porticada que tiene muchas cosas para visitar. La bodega está situada a las afueras del pueblo y allí te recibe Consuelo Díaz Ocaña, descendiente de una larga estirpe de vitivinicultores. Es la única bodega de Madrid y de España que guarda las antiguas tenajas originales de hacer vino. Ahora, esos enormes recipientes se utilizan para los blancos, pero en un principio todos los vinos de la bodega maduraban allí antes de ser embotellados.
De la visita a las tenajas, donde también está el escurridero de uva, pasamos a la zona de maduración de los vinos tintos, donde estos reposan al calor, o al frío, de las últimas tecnologías. Allí también está la zona de embotellado y etiquetado de la bodega. Tras unas profusas explicaciones sobre la implicación de toda la familia en el negocio nos encaminamos hacia el tercer plato fuerte de la bodega. Las cuevas. Allí, en barricas, envejece el vino. La bodega era, antiguamente un convento de monjes y las cuevas, excavadas a mano, eran la antigua despensa, un lugar donde la temperatura y la humedad se mantienen constantes a lo largo de todo el año. El lugar ideal para madurar el vino.
Catálogo de Jesús Díaz

Esta bodega tiene un amplio catálogo de vinos, aunque no todos están disponibles. A la cata nos dirigimos con buen ánimo y ganas de probar. Un blanco fresco y estructurado, oloroso. Un rosado con cierta dulzura, ideal para verano, ensaladas, gazpachos y frutas. El tinto. No puedo hablar del tinto con propiedad. Recuerdo que al probarlo dije, sin pensar, “vino de Madrid”, y es que el vino de nuestra tierra tiene un sabor propio y una personalidad definida, pero yo no puedo entresacarla porque las palabras que vienen a mi cabeza no son, con cuerpo, afrutado y persistente, si no, tarde de domingo, suplemento dominical del Ya, el sol entrando por la ventana, el plátano a lado de mi plato, ese tipo de cosas que no sirven para definir un vino.
Vista de la Plaza Mayor
Tras unas compras, que podéis ver detalladas en el artículo de Ginny, salimos a buscar donde comer y decidimos ir a Chinchón.
Chinchón es una de esas localidades donde los madrileños nos vamos a comer los fines de semana nuestro cochinillo, nuestro entrecot, nuestro solomillo, nuestras chuletitas de cordero y demás platos “ligeros”.  Allí nos presentamos, aparcamos el coche y subimos la cuesta hasta la plaza mayor redonda de la localidad. Era un día laborable y no tuvimos problema en encontrar un lugar donde satisfacer nuestro apetito. El Restaurante Plaza Mayor, donde pudimos degustar un menú de buena calidad, sopa castellana, revuelto de setas, cochinillo, entrecot, solomillo de cerdo a la pimienta y el peor vino que yo haya probado. Le llamo vino porque de eso presumía en la etiqueta. Yo nunca bebo el vino con Casera, pero ni con eso creo que este mejunje hubiera estado aceptable. No es por nada pero cualquier restaurante de ínfima categoría en cualquier lugar de España sirve un vino de mesa mucho más digno que este. Menos mal que había agua. 
Vino que no has de beber. 

Salimos del restaurante para volver a casa, pero antes había que comprar algo típico de Chinchón. Como no bebemos anís decidimos comprar bollería y por pura casualidad dimos con La Segoviana, panadería sobre la que había leído en El Mundo ya que aparecía mencionada junto a Madre Hizo Pan de Los Molinos. Este es el enlace al reportaje sobre La Segoviana

Tras las pocas compras, que hay que cuidar la línea, volvimos a Madrid, contentos y llenos de buenas sensaciones. 




Pinos en Chinchón.

Nuria

Un paseo entre tenajas: Bodegas Jesús Díaz. Vinos de Madrid.


Últimamente mi vida esta lleno de primeras veces, consecuencia de introducirse en un nuevo mundo, y el deseo de conocerlo y profundizarlo te lleva a mil experiencias nuevas, días y felices jornadas junto a los que más quieres que nunca se olvidarán.

Tal jornada tuvo lugar el pasado martes 27 en Colmenar de Oreja (Madrid). Diez días antes habría llamado para reservar nuestra cita con una de las bodegas que se localizan en el sureste de la capital española, a unos 65 kms de distancia: Bodegas Jesús Díaz. Martes 27 de Marzo, 2012: 11:30 am.

A pesar de comenzar la mañana algo accidentada, saliendo tarde de casa, el camino que tomamos (por Perales de Tajuña) fue todo un acierto, y , a pesar de perdernos un poquito por el pueblo de Colmenar de Oreja, no llegamos con mucho retraso a nuestra cita con Consuelo Díaz Ocaña – nuestra guía, jefa de ventas, y bisnieta del dueño del fundador de la bodega- y el resto de las personas citadas ese día.

Parecía como una niña con zapatos nuevos. Me recordó a mi estancia en el colegio cuando me sentaba en primera fila para absorber lo máximo posible de la clase – y así poder aprovechar al máximo mi tarde de estudio ese mismo día-. Atendiendo y observando cada detalle: la sala de tenajas, los depósitos de cemento, de acero inoxidable y más tarde la gran sorpresa de esa bodega: unas cuevas donde tenían las barricas criando sus vinos, que datan del siglo XV. Un encanto especial, una singular bodega, con un encanto especial, un proceso artesanal, muy cuidado de principio a fin.

Después de un paseo por su historia, su trabajo y su familia, nos adentramos en lo que ellos denominan La Taberna, una pequeña tienda donde podemos encontrar productos tanto de la bodega como típicos de la zona o licores que llegan hasta el pueblo.  Ahí mismo, Consuelo nos guía hacia el comedor, situado en la parte trasera de la tienda, para degustar tres de sus vinos, acompañados por un delicioso plato de patatas.

La Taberna, acogedora tienda de la bodega


El primer vino que degustamos fue su blanco, recién embotellado (solo llevaba una semana embotellado). No sé si fue por tener el plato de patatas justo debajo de mi nariz, pero tras pasar por la fase en nariz, con una aroma muy dulce, pase a boca y la sensación era de tener una patata en la boca. Pero no me entendáis mal, una patata frita, como las que Consuelo nos había servido. Tal vez por su influencia, o tal vez no, me recordaba a unas patatas fritas dulces, saladas (en su punto de sal) y con cierto toque artesanal que pocas patatas hoy en día tienen. Un vino fresco, dulce y fácil de tomar. Con tan poco tiempo en botella es sorprendente su alta calidad. Desde luego, tiene un futuro prometedor.

A continuación, probamos un rosado.  Un rosado distinto de todos los demás. Con cuerpo, acidez y buen equilibrio. Da la sensación de estas probando un buen tinto, sino fuera porque la temperatura a la que se sirve es típica del rosado y no del tinto. Fresco, suave pero con cuerpo y potente. Gano muchos adeptos entre los que nos encontrábamos en la sala.

El blanco, el tinto y Heredad Torresano de Jesus Díaz


Y tras ellos dos, el tinto de Jesús Díaz. En nariz aromas  de frutos rojos maduros, en boca tonos frutales, fresco y persistente. Un vino madrileño que representa bien su terroir y carácter.

Acto seguido pasamos a la tienda, y a Nuria y a mí nos obsequiaron con un vino (el que más nos gustó de la cata), y compramos uno de sus vinos espumosos y el rosado, junto con un vermouth muy exquisito con una pinta tremenda...

Otros productos de La Taberna


La visita fue inolvidable. Una experiencia que me gustara repetir algún día.

El día acabó en Chichón, comiendo en uno de sus restaurantes de la Plaza Mayor, con un día soleada y precioso. Un día redondo e inolvidable, como los vinos de Jesús Díaz.

Bodegas Jesus Díaz
--Ginny


Aquí os dejo una vision distinta de esta misma visita, la de Nuria: http://saboresenelmundo.blogspot.com.es/2012/04/un-dia-de-visita-en-los-pueblos-de.html