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viernes, 15 de junio de 2012

Erebo 2011 D.O.Valdeorras: un blanco todoterreno


Cuando se habla de vinos blancos es difícil establecer comparativas, hay tantos como tipos de uvas blancas pueda haber. Los hay dulces, muy dulces, ácidos, potentes, sedosos, salinos.... Y a cada persona le puede gustar uno totalmente distinto de su amigo del alma, vecino, compañero, pareja o hermano. Ya sabéis lo que dicen, para gustos colores.  Por eso cuando vas catando blancos, y ahora que es verano es época de ello, resulta cada vez más complicado que un blanco, o tinto o rosado (pero en este caso hablamos de blancos), te sorprenda y se te grabe en la memoria ya no solo como si te gusta o no, sino como un buen vino que puede maridar bien con todo. Eso sí es difícil de encontrar.

Este vino que hoy os presento aquí es ese vino blanco que tanto a Nuria como a mí nos encantó por aunar todas las cualidades que puede o debe tener un vino blanco. Dos personas que como nosotras, somos la antítesis la una de la otra, que coincidamos en que este vino es un vino muy fácil de beber y que a cualquier persona, mujer en concreto, le puede gustar porque está equilibrado en cada uno de sus elementos.

Erebro 2011 con risotto de salchichas


Erebo 2011. D.O. Valedoras. 100% Godello.

Ficha de cata:

Color: amarillo paja con reflejos dorados

Nariz: toques cítricos, manzana verde y tierra mojada.

En boca recuerdos a pastelería con toques herbáceos al final. Fresco y con toques minerales. Potente, untuoso. Postgusto largo y frutal con toque mineral.

Nuestro maridaje fue risotto de salchichas, y por la noche lo tomamos con una rica ensalada.

Con el risotto sale ese sabor mineral con un toque a pastelería, y un toque a flores silvestres de campo. Un toque dulce a caramelo, chispeante.

Con la ensalada sedoso, fresco y dulce.

Con una rica ensalada


Si tenéis oportunidad, no dejéis de probarlo y de disfrutar de él. Ya nos contareis vuestra experiencia...

-Ginny.

jueves, 14 de junio de 2012

Albret Rosado 2011

El vino
Este es un vino precioso. Hay quien dice que los vinos rosados son vinos fáciles y simples, sin trampa ni cartón. Vinos sin alma.
Como a nosotras lo que nos interesa es que los vinos tengan cuerpo probamos este vino para ofrecerlo en combinación con arroces y platos ligeros, muy habituales en los menús diarios de todos los hogares.
No nos ha decepcionado. Es un vino complejo y muy interesante. Su color es fucsia con reflejos piruleta y, encima, es muy brillante, con bonitos reflejos.
La princesa
En la nariz es fresco y herbáceo, con un toque de azúcar, fresitas y flores... madre mía parece que estoy contando un cuento, me falta la princesa y me falta describir el sabor. Allá voy, tiene un toque piruleta y un pase ácido y floral. Es como tomarse un pica pica con un vapor de tallos de flores.
Magnifico, fantástico y maravilloso son las palabras que se me vienen a la mente. Nada que ver con la mala fama inmerecida de estos vinos y os digo más porque todavía queda el maridaje.
Ese día preparé un risotto con pisto. No es difícil. Preparas el arroz al estilo italiano, es decir, añadiendo el agua poco a poco según se va cociendo, hasta que el arroz está preparado. Yo preparo el agua con una pastilla de caldo de carne, para darle más sabor. Cuando el arroz está listo se le añade un tarro de pisto de la marca Felix Soto (se vende en tarros de cristal, que yo para ciertas cosas soy una matrona vasca), se calienta un poco más y listo. También se pueden rehogar unas gambitas y añadirlas, pero entonces prepárate para llorar de alegría.
También puedes preparar el arroz de la misma manera y añadirle una lata de fritada Hacendado. No estará igual de rico, pero estará muy bueno también y tu bolsillo más lleno. Tu verás la ocasión para cada cosa.

El caso es que este rosado con arroz se parece a un caramelo de fresa sin serlo, a un "Fresquito", esas golosinas que son unos polvos donde pringas una piruleta que está tan rico. Inunda la boca de sabor y no pasa desapercibido, se hace notar con tanto equilibrio que no sobresale ni el dulzor, ni la acidez, se bebe fácil y ayuda a realzar el sabor de la comida ya que cada pinchada tras beber de él es como saborear de nuevo el plato.
Finalmente os dejo otras dos pistas para que os guiéis. Sabe a los antiguos "Escalofrios" de fresa acida y también al chicle Cheiw.


Nuria



jueves, 7 de junio de 2012

Ramón Bilbao Crianza 2009


Este vino cuenta con un rojo brillante con ribetes ocres provenientes de su paso por la barrica. Este envejecimiento no le ha hecho perder sus caracteristicas frutales ya que los frutos rojos, la rosa están muy presentes junto a un fondo de madera y vainilla. 
En la boca esa fruta se aprecia perfectamente, junto con la sensación de acidez y frescura muy agradable, la barrica está apenas presente. 
Ramón Bilbao Crianza 2009

Lo probamos con ensalada y chuletas de cerdo. 

Con la ensalada endulza y refresca, pierde acidez y gana cuerpo con un tanino muy agradable. El tanino es ese raspor que deja el vino cuando te lo tragas, como si te limpiase la boca. 
Con la carne desaparece el dulzor y aparece la parte vegetal que mencionaba antes y se aprecia de nuevo esa ligera nota de vainilla. 


Se aprecia que este es un vino muy equilibrado, que conserva todas las cualidades de la uva. 








Nuria.






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Es un vino que promete mucho. Me encanta porqué no me defraudó antes (2008), que fue buena añada, pero el 2009 es aún mejor, y más frutal. Más... Ramón Bilbao.


Ginny.

lunes, 23 de abril de 2012

Un día de visita en los pueblos de Madrid



Bodegas Jesus Díaz.



A la entrada de la bodega
Finalmente se hizo realidad. Hemos visitado nuestra primera bodega. Bodegas Jesús Díaz  Espero que a lo largo de los años sigan otras muchas visitas, pero siempre recordaremos ésta de una manera especial.
Decidimos visitar una bodega madrileña para comenzar nuestro periplo ¿Por qué? Recuerdos de la infancia. Recuerdos de las antiguas cuevas donde se guardaban los vinos, de leyendas sobre túneles para esconderse y atacar en la Guerra Civil, todo muy emocionante y misterioso para la imaginación infantil.
Mereció la pena, vaya que sí. Colmenar de Oreja  es un típico pueblo madrileño de casas castellanas y plaza porticada que tiene muchas cosas para visitar. La bodega está situada a las afueras del pueblo y allí te recibe Consuelo Díaz Ocaña, descendiente de una larga estirpe de vitivinicultores. Es la única bodega de Madrid y de España que guarda las antiguas tenajas originales de hacer vino. Ahora, esos enormes recipientes se utilizan para los blancos, pero en un principio todos los vinos de la bodega maduraban allí antes de ser embotellados.
De la visita a las tenajas, donde también está el escurridero de uva, pasamos a la zona de maduración de los vinos tintos, donde estos reposan al calor, o al frío, de las últimas tecnologías. Allí también está la zona de embotellado y etiquetado de la bodega. Tras unas profusas explicaciones sobre la implicación de toda la familia en el negocio nos encaminamos hacia el tercer plato fuerte de la bodega. Las cuevas. Allí, en barricas, envejece el vino. La bodega era, antiguamente un convento de monjes y las cuevas, excavadas a mano, eran la antigua despensa, un lugar donde la temperatura y la humedad se mantienen constantes a lo largo de todo el año. El lugar ideal para madurar el vino.
Catálogo de Jesús Díaz

Esta bodega tiene un amplio catálogo de vinos, aunque no todos están disponibles. A la cata nos dirigimos con buen ánimo y ganas de probar. Un blanco fresco y estructurado, oloroso. Un rosado con cierta dulzura, ideal para verano, ensaladas, gazpachos y frutas. El tinto. No puedo hablar del tinto con propiedad. Recuerdo que al probarlo dije, sin pensar, “vino de Madrid”, y es que el vino de nuestra tierra tiene un sabor propio y una personalidad definida, pero yo no puedo entresacarla porque las palabras que vienen a mi cabeza no son, con cuerpo, afrutado y persistente, si no, tarde de domingo, suplemento dominical del Ya, el sol entrando por la ventana, el plátano a lado de mi plato, ese tipo de cosas que no sirven para definir un vino.
Vista de la Plaza Mayor
Tras unas compras, que podéis ver detalladas en el artículo de Ginny, salimos a buscar donde comer y decidimos ir a Chinchón.
Chinchón es una de esas localidades donde los madrileños nos vamos a comer los fines de semana nuestro cochinillo, nuestro entrecot, nuestro solomillo, nuestras chuletitas de cordero y demás platos “ligeros”.  Allí nos presentamos, aparcamos el coche y subimos la cuesta hasta la plaza mayor redonda de la localidad. Era un día laborable y no tuvimos problema en encontrar un lugar donde satisfacer nuestro apetito. El Restaurante Plaza Mayor, donde pudimos degustar un menú de buena calidad, sopa castellana, revuelto de setas, cochinillo, entrecot, solomillo de cerdo a la pimienta y el peor vino que yo haya probado. Le llamo vino porque de eso presumía en la etiqueta. Yo nunca bebo el vino con Casera, pero ni con eso creo que este mejunje hubiera estado aceptable. No es por nada pero cualquier restaurante de ínfima categoría en cualquier lugar de España sirve un vino de mesa mucho más digno que este. Menos mal que había agua. 
Vino que no has de beber. 

Salimos del restaurante para volver a casa, pero antes había que comprar algo típico de Chinchón. Como no bebemos anís decidimos comprar bollería y por pura casualidad dimos con La Segoviana, panadería sobre la que había leído en El Mundo ya que aparecía mencionada junto a Madre Hizo Pan de Los Molinos. Este es el enlace al reportaje sobre La Segoviana

Tras las pocas compras, que hay que cuidar la línea, volvimos a Madrid, contentos y llenos de buenas sensaciones. 




Pinos en Chinchón.

Nuria

miércoles, 14 de marzo de 2012

Pollo con miel.

Aspecto final del pollo. A la izquierda se ve el recetario.
Inauguramos nuestro recetario con una manera muy sencilla y rica de hacer pollo.
El pollo es barato, no tiene apenas calorías y es versátil. Solo tiene un inconveniente. No sabe a nada y ciertas partes están muy secas. Esta receta, salida directamente de la cocina española, es ideal para un sábado o un domingo, cuando no te apetece cocinar.

Ingredientes:
- 4 cuartos traseros de pollo o 10 muslitos.
- 10 cl (1/2 vaso) de aceite de oliva.
- 2 cucharadas de miel.
- Sal.

Se mezcla el aceite con la miel y la sal suficiente para todo el pollo. Empapamos el pollo con la mezcla y lo dejamos macerando una hora.
Calentamos el horno a 180 ºC en la posición de carne - grill + ventilador-. Dejamos hornear una hora, regando el pollo con la salsa de vez en cuando y dando la vuelta al pollo un par de veces para que se dore bien.


En el plato
Yo particularmente utilicé aceite La Española, buena relación calidad precio, y miel milflores de Despeñaperros que compré  de camino a la Costa del Sol. Nosotros lo acompañamos con una ensalada pero se puede acompañar también, para aquellos que siguen la cocina convencional, con patatas fritas cortadas en cuadraditos o patatas a lo pobre.